Bienvenido(a), Visitante. Por favor, ingresa o regístrate.
¿Perdiste tu email de activación?

Ingresar con nombre de usuario, contraseña y duración de la sesión

 
Búsqueda Avanzada

23.850 Mensajes en 1.830 Temas- por 334 Usuarios - Último usuario: morganduf

Marzo 10, 2010, 08:13:30 am
Universo de PapelTu rincónRelatos CortosGueto
Páginas: [1]
Imprimir
Autor Tema: Gueto  (Leído 427 veces)
sandrita
Sátiro
**
Mensajes: 218



Ver Perfil
« : Febrero 04, 2010, 21:09:06 pm »

Gueto



Una, dos hasta tres veces tomo aire, antes de que mi mano gire el picaporte de la puerta de la entrada. Esta se abre dejando ver lo que me espera fuera. El sol casi no ha salido por el horizonte, pero ya hay gente en la calle. La imagen es lamentable. Muchas de las personas que se encuentran en la acera de mi casa están o borrachas como cubas, drogadas o ambas cosas. Mi mejor amigo me espera apoyado en la fachada de mi vivienda. Le miro a los ojos y él me devuelve una mirada vacía. Su espalda reposa en la pared y sus manos están dentro de los bolsillos. Su piel negra destaca sobre la pared blanca de mi casa. Sus ropas andrajosas son tres tallas más grandes y su mochila posee algunos agujeros.
-¡Ey, colega! – Saluda al verme salir.
Yo en forma de saludo hago un gesto con mi cabeza sin mediar palabra.
Paso por el portal  de mi  casa intentando no mirar al suelo, deseando no recordar esos duros momentos. Pero dentro me reconcome la curiosidad de saber si todavía sigue allí. La angustia me puede y echo una rápida ojeada  al suelo de la calle. Cerca se encuentra todavía la mancha. La sangre seca de mi hermano cubre una pequeña parte del suelo. Lleva ahí dos meses, y todavía no se ha borrado. 
Mi hermano murió a un metro de mi casa. Murió cuando volvía a casa del insti. Fue asesinado por unos repugnantes dólares, por unos putos camellos. Estaba metido hasta el cuello en un problema de drogas que acabo por matarle. Suministraba coca a unos colegas del barrio. Pero la cosa se complicó y se lo cargaron.
Todavía sin mediar una palabra, intentando quitarme el mal sabor de boca que me ha dejado recordar ese momento. Intento, como muchas veces he hecho, dejar el pasado atrás y continuar hacia delante.
 Ambos, mi amigo y yo, caminamos  por la acera poniéndonos en camino para llegar al colegio.
Mis ropas andrajosas y desgastadas apestan a sudor y a pescado rancio. Ahora que lo pienso creo que llevo dos días con la misma ropa.
Al cabo de una hora ya cansados de caminar por esas calles oscuras, donde es imposible percibir que va a suceder a tú alrededor, vemos como una pequeña pandilla de camellos que reparte droga a menores. Mi amigo me hace un leve movimiento de cabeza, indicándome que nos cambiemos de acera.  No sé porque  pero mi cuerpo no se relaja hasta que mis pies se colocan en la otra punta de la calle.
Ahora, él y yo nos encontramos hablando animadamente sobre el partido de la noche anterior. Sin embargo, ninguno de los dos les quitamos la vista de encima a la pandilla. Poco a poco nos vamos acercando más al grupo, hasta que consigo identificar a sus  contendientes. Pero hay una que me llama especialmente la atención.
La cara del asesino de mi hermano.
El sonríe burlándose de mí, de un niño como yo. Me siento impotente y deseo atravesar la calle y partirle la cara a ese capullo. Pero respiro hondo, aprieto mis puños y acelero el paso. Levanta la mano y me hace el corte de manga. Sé que no está sobrio y no respondo a sus amenazas. Clavo la vista en el horizonte y aprieto el paso casi hasta llegar a correr, intentado dejarlo atrás.
Su mirada perdida, sus  movimientos y sus  gestos obscenos me hacen darme cuenta de no se encuentra muy sobrio.
Y ahora oigo su  voz, alta y aguda que intenta provocarme, hacer que saque toda mi  ira contenida y que arremeta contra él. Sus insultos no son dirigidos a mí sino a mi difunto hermano los que no hace gracia, y  ahora me esta empezando a tocar las narices. Vuelvo a cerrar mis puños con tanta fuerza que estoy a punto de partirme la mano. Mis pasos se vuelven pesados y mi respiración, al igual que mi pulso, se acelera.  No dejo de caminar, y mientras lo hago, imagino mil formas de matarle, una más dolorosa que  la anterior. Y eso apacigua mi ira. 
Mi amigo se encuentra tan rígido como yo, esperando el momento en el que se me vayan las cosas de las manos y sea él quien tenga que pararme los pies.
Sé que si me enfrentara a ellos ganarían, pues ellos son seis gorilas con armas y nosotros dos niñatos que dan un paseo por calles peligrosas.
La pandilla se pone cada vez más nerviosa al ver que no respondemos a sus provocaciones y deciden actuar por su cuenta. 
-¡Eh! ¡Capullo!
Cuando nos damos la vuelta vemos como  uno de las personas del grupo nos apunta con una pipa.
Cierra un ojo y apunta hacia mí. Escucho los coreos del gilipollas que mato a mi hermano, veo su cara de excitación y sus movimientos vitoreando a su amigo. Esta gritando dándole  ánimos para que apriete el gatillo y acabe de una vez con mi vida. Y el  que porta la pipa no se hace de rogar. La bala sale disparada en mi dirección y noto como se clava en el interior de mi cuerpo.
No tengo muy claro lo que pasa a continuación. Escucho el grito de mi amigo y puedo palpar su angustia y temor. De mi cuerpo comienza a salir sangre que mancha toda mi ropa a gran velocidad, y  este se convulsiona afectado por el balazo. Miro al tirador y vuelvo a mirar la herida de mi pecho. La toco incrédulo, pensando que todo esto es un mal sueño. Caigo al suelo acompañado de un gran estallido. Mi boca se abre y comienza a salir más sangre y noto como esta me ahoga y poco a poco me voy quedando sin aire. Lo último que recuerdo ver es el cielo. Un cielo tan azul y puro que no me hace perder la esperanza. Y comprendo que mi vida no ha acabado, que  por fin consigo saber lo que es la libertad
En línea

La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas.
Juan_Medit
Divinidad del amor
*
Mensajes: 66



Ver Perfil
« Respuesta #1 : Febrero 11, 2010, 21:35:07 pm »

Hola, compañera de letras... He leido el relato y me ha gustado bastante; es fácil imaginarse la escena gracias a la técnica descriptiva. También quiero hacer notar que hay un par de detallitos que habría que recomponer:
Citar
sino a mi difunto hermano los que no hace gracia
: ese "los" es incongruente.
Citar
a tú alrededor
: el "tu" es un posesivo, no debería llevar tilde.
Citar
que mato a mi hermano
: "mató", aguda acabada en vocal.
Hay alguna chorradica más, pero sin importancia.
Lo dicho, en general está muy bien. Salu2 Cheesy
JUAN
En línea

Por mis venas corren perdidas
las aguas salobres del mar,
a veces mansas y dormidas,
otras, como locas de atar.
sandrita
Sátiro
**
Mensajes: 218



Ver Perfil
« Respuesta #2 : Febrero 12, 2010, 19:18:54 pm »

Graciias por coemntar^^
En línea

La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas.
Páginas: [1]
Imprimir
Ir a:  

Theme orange-lt created by panic