Ya podéis postear vuestras opiniones de los microrrelatos/poesías (tanto los concursantes como el resto de los usuarios).

---------
LA MÁS BELLA MUJERAún recuerda aquel momento
En el que el tiempo se paró
Aquel solenme sacramento
Él......se enamoró
La más bella mujer
Con la más bella sonrisa
Ojos claros color miel
Piel de arena,suave brisa
Tan dulces caricias
Con sus manos hechas olas
Las impresionantes pesquisias
De esa mente soñadora
Los rizos de su pelo
Ondulaban formando mareas
Sus piernas son la costa
Que Delinaban las fronteras
Cuando en la playa anochezca
Ella seguirá contigo
Hará que la luna parezca
El final de su ombligo
Si cae el ocaso
La estrellas refulgirán
Las pecas de su cara
Su piel de arena alumbrarán
Pero si la luna sale
Y se esconde deprisa
Ya sabes
Que te habrá dedicado una sonrisa
Y allí se quedó el hombre
Enfermándose de amor
Olvidando su nombre
Sumido en el dolor
Olvidó la regla de aquel mágico ser
Que te has de aprender
Y jamás olvidar
"La más bella mujer te puede ver
Nunca la podrás amar"
******
ESBOZOAdicción de cereza,
Dulce de melocotón…
Verano, eres belleza,
De estaciones estación.
******
VERANO IVivencias perdidas en el campo dorado,
Esperando a su dueño,
Risas en el aire,
Andares en tierra de nadie.
No sé si esto es el verano,
Otro quizá sí lo sabe.
Voy a recoger mis alegrías,
Esperanzas, sueños.
Remendarlos con hilo de sol,
Adornarlos con brisa, sal, amor.
No sé si esto es el verano,
Otro quizá sí lo sabe.
Vacaciones en la playa,
Ensimismada frente al mar.
Restos de naturaleza dormida,
Al menos yo no la doy por perdida.
No sé si esto es el verano,
Otro quizá sí lo sabe.
Ven, deja el frío atrás,
Entre julio y agosto,
Rescata esa sensación de paz,
A orillas de la tranquilidad.
No sé si esto es el verano,
Otro quizá sí lo sabe.
Viento silencioso, ligero,
Enerva a las olas, hazlas rugir.
Rómpelas en los acantilados,
A nosotros sólo déjanos contemplarlo.
No sé si esto es verano,
Otro quizá…Pero tú, ¿lo sabes?
******
SUEÑOS DE VERANOA través del cristal se filtraban los últimos rayos de luz del día. El verano se había acabado, pero ella ya había supuesto que ese plazo cumpliría en algún momento. Al fin y al cabo, todo lo bueno tiene su final. Pero despertar de un sueño como aquel no era tarea sencilla, no era algo que se pudiese hacer con la misma facilidad con que se cierran las tapas de un libro cuando, finalmente, se acaba.
Dejó que el sol bañase, con la suave luz que aún desprendía, su piel morena. Los recuerdos querían salir de su mente, todos con la misma urgencia, porque todos habían sido igual de importantes. Y no quería olvidar ni el más mínimo detalle.
Abrió el cuaderno en blanco y destapó la pluma, dispuesta a dejar que la memoria escapase de su prisión, de su encierro involuntario. La pluma se deslizó con suavidad sobre el papel, dejando un sendero de tinta mientras se desangraba.
La imagen de las caras de sus amigos apareció en su mente. Un paseo por la playa bromeando, un helado de fresa y nata en un puesto junto al borde del camino, el susurro de las olas al chocar contra la arena, un momento de paz bajo la sombra de los árboles, un movimiento brusco en una atracción y un grito, un momento de cháchara con unos amigos, una ardilla cruzando sin miedo la plaza ante sus miradas asombradas, unas sillas locas, un beso, una sonrisa… Un adiós.
Trataba de transmitir mil y una sensaciones al papel en blanco: felicidad, tristeza, miedo, relajación, añoranza… Todo lo que había sentido aquel verano mágico.
La pluma dejo de sangrar, las páginas se acabaron y los recuerdos quedaron a salvo, sin más cometido que disfrutar rememorándolos.
Y la luz se fue, dejándola definitivamente a oscuras y oficiando el desenlace. Había despertado.
Quizá mañana volviese a dormir y soñase de nuevo, quién sabe. Tal vez el sueño fuera igual de bello… Pero era el fin, al menos por el momento.
******
INSTANTÁNEALa otra vez, la encontré.
Era verano.
Estaba en la laguna, llena de mosquitos y moscas, pero no me interesaban los bichos. Aunque… me pareció que allá atrás había una libélula, flirteando con una mariposa anaranjada... Enorme, la libélula.
Ella, tenía los pies en el agua; le llegaba hasta la pantorrilla. Y un sapo en las manos. Vivo. Lo supe, porque cazaba una mosca en ese preciso instante.
El vestidito simple y ligero, sucio; embarrado. Y las trenzas… ¡Las trenzas! Eran un desastre… ya ni se las podía llamar trenzas.
Pero qué importaba. No podía enojarme porque…
No era linda, pero se veía hermosa.
Y sonreía.
Sonreía con la picardía pecosa de quién sabe que ha hecho una travesura pero no se arrepiente.
¡Ah! Enseguida supe por qué: Ahí tenía un jirón desgarrado de su vestidito, colgando. Era de puntilla. ¡Había desgarrado la puntilla!
Ya podía oír la excusa
Y el sol…
El sol le daba en la cara redonda.
¿Era feliz?
Algo me dijo que sí, algo que me hizo doler en alguna parte.
De repente, una gotita cayó en su nariz respingona.
Y otra… y otra…
Ella se quedó inmóvil, y, cuando ya su figura se me desdibujaba, recién entonces me di cuenta de que era yo quien hacía llover.
Quien lloraba.
La otra vez, la encontré.
Apareció de repente, cuando no la buscaba.
La dejé sobre mi mesita.
Y ya no lloré.
Sonreía, como ella.
Fue feliz ese verano... Pensé que a lo mejor la felicidad volvía.
Como los recuerdos.
Como las fotos.
******
RECUERDOS DE NIÑEZLa cálida luz del sol brillante en el horizonte, los enormes prados y jardines, el rumor del agua de la fuente junto a los almendros, el solitario columpio bajo el sauce en lo alto de la colina… Todo seguía exactamente en el mismo lugar a pesar de que el tiempo hubiera dejado su huella.
Después de muchos años volvía allí, donde tantos veranos había vivido, tantos recuerdos e ideas había forjado, allí donde había descubierto nuevos amigos, no tan amigos, distracciones, emociones… Todo se agolpaba de nuevo en su cabeza obligándole a volver al pasado mientras recorría aquellos jardines en dirección a la solitaria colina. Cada paso despertaba en su memoria una historia que había sido apagada, casi olvidada, a lo largo de los años. Una sensación de frescor, de alegría, de verano con sabor a niñez, a diversión, a libertad… Llegó hasta lo alto y allí encontró el viejo columpio a la sombra de las ramas del sauce – el que había sido siempre su rincón favorito- y se sentó en él. Sintiéndose de nuevo niño se balanceó suavemente, como si fuera la brisa la encargada de mecerle, cerrando los ojos y simplemente dejándose llevar.
El siguiente recuerdo fue tan intenso que sintió que retrocedía en el tiempo y lo vivía de nuevo momento a momento, palabra por palabra;
Él. Niños. Amistad. Siempre. Escondite. Cruz. Tres. Pasos. Izquierda. Tronco. Sauce. Pie. Agujero. Caja. Tesoro... Un impulso le hizo levantarse de repente del columpio y acercarse al viejo árbol. Cuando estuvo lo suficientemente cerca tanteó el tronco con las manos en busca de una marca que él mismo había hecho tiempo atrás bajo la mirada emocionada de sus pequeños amigos. La reconoció enseguida, allí estaba aquella cruz inclinada que marcaba el inicio del corto camino hacia su tesoro, que continuaba dando tres pasos hacia la izquierda rodeando el árbol. Los dio correctamente, acortando su zancada para adecuarla a cómo sería cuando aún era un niño, y arrodillándose frente al tronco tanteó el pie del sauce en busca de algún saliente que delatara su pequeño escondite. Lo encontró poco después entre los matojos que le habían ganado terreno al viejo árbol, y cargado de nervios y emoción tiró de él, dejando al descubierto un pequeño agujero en cuyo interior se encontraba una vieja caja de aluminio gastado cubierta de polvo, de tierra y también de años. La cogió con mucho cuidado y sopló por encima sacudiéndola un poco, agarró la tapa redonda y – sintiendo como las lágrimas le acudían a los ojos - la abrió. No pudo contener el llanto cuando observó todos aquellos objetos que habían formado parte de sus veranos de niñez, aquella época en la que todo resultaba tan sencillo, como un simple juego, una sonrisa, sin problemas, ni preocupaciones, con el único objetivo de divertirse, tirarse en la hierba y mirar en el cielo el sol deslumbrante o las misteriosas estrellas en lo alto… Allí estaban todos sus más preciados amuletos y también los de sus amigos; canicas de todos los colores, cromos de los mejores jugadores de la temporada -y por supuesto de alguna que otra chica guapa-, los mapas de sus propios tesoros piratas, insólitas entradas al cine, unas cuantas monedas… Eran tantas cosas, tantos recuerdos, tanta felicidad de haber regresado y a la vez tristeza por haberse perdido tantos años lejos de todo aquello…
Se quedó allí, sentado en la verde hierba bajo la sombra del sauce y con la única compañía de un columpio y los fantasmas del pasado, observando uno a uno cada objeto y rememorando las historias que traían consigo. Allí se quedó, disfrutando horas y horas como un niño que ha encontrado un nuevo juguete, prometiéndose a sí mismo que recobraría su pasado en el presente, y que volvería a disfrutar en el futuro de aquellos veranos con sabor a niñez…
******
VERANO IILlegaste con el calor, una mañana de primeros de junio. En la playa bajo el acantilado, nadando entre las olas, acompañado por la espuma del agua. Quizá fue el destino, quizá el azar, pero yo te amé, y tú me quisiste.
Julio, apasionado. Desde el ocaso hasta el alba juntos, entre tus brazos. Noches furtivas, besos fugaces bajo las farolas…
Agosto, romántico. Atardecer tras atardecer paseando junto a la costa, cogidos de la mano. Y entonces me mirabas con tus ojos, más brillantes conforme el sol caía, y me decías que me amabas.
Hasta que llegó septiembre, y no te encontré en el sitio de siempre. Y cuando vi la primera hoja del otoño cayendo, supe que te habías ido con el verano…
******
EQUIPAJE DE MANOSu equipaje aún estaba sin deshacer. Miraba su maleta con pesar, abrirla y sacar las cosas sería el paso definitivo, significaría que el viaje había terminado. Y sin embargo, mirándola cerrada, con pegatinas de identificación de destino, repleta de cosas... Parecía como si contuviese sus propias experiencias, era como mirar a la cara al tiempo pasado fuera de casa.
Se sentó en el suelo, al lado de su maleta. Y recordó...
Recordó el principio del viaje: los nervios, la preparación, la llegada, la tranquilidad de saber que quedaba mucho tiempo por delante para disfrutar.
Recordó en seguida a las personas conocidas, a las más queridas, a las que apenas había visto. Recordó conversaciones, bromas, opiniones... Por unos segundos oyó, como si de una grabación se tratase, las voces de estas personas, atrapadas en su memoria.
Recordó los primero lugares visitados, las primeras impresiones, los edificios que más habían llamado su atención, los caminos que más veces había recorrido y aquellos pocos que apenas transitó.
Recordó los planes de cada día, los imprevistos, las sorpresas buenas, las sorpresas malas... Las decisiones, las direcciones que había tomado al llegar a las encrucijadas.
Recordó los errores, los aciertos, las equivocaciones que pensó certeras y lo certero que fue aquello que en un primer momento le había parecido una equivocación.
Repasó lo vivido.
Revivió lo pasado.
Decidió.
Abrió la maleta.
Sacó las cosas.
Se alejó...
... No necesitaba la maleta para seguir recordando.