Rotek
Divinidad del amor

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« : Enero 18, 2009, 21:34:45 » |
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El momento había llegado. Ya nada podría impedirlo. El dolor inmenso hizo estallar el cristal de la cordura, las puertas del fin se habían abierto. La muerte sonreía con su insultante rostro. Todas las estrellas del universo se apagarían, todas la emociones se disiparían en un instante congelado en el tiempo. Ella no lo sabía. Ella deseaba arrancarse ese dolor, esa angustia interior que la abrasaba. Ella quería morir. Sus dedos empezaron a resbalar por la barandilla de metal. Estaba sujeta a ella en lo alto de un puente, debajo no cesaban de pasar automóviles. El tiempo gritaba espantosamente en esos instantes fatales. El corazón golpeaba con rabia el pecho de la joven y su respiración nerviosa la hacía marearse. Todo el horizonte se fusionaba en un punto ante sus ojos y el viento lo traía hasta sus oídos en una silbante melodía. Su mente, indecisa, se resistía a soltar los dedos de su última esperanza. Recuerdos desgarradores la invadían a una velocidad de vértigo y sus ojos, empapados en lágrimas, veían ya difuso el universo. Todo estaba en su mano. Vivir o morir. El caos más inimaginable bullía dentro de su cabeza y tal era su sufrimiento que, en un acto alocado, la idea de saltar atravesó su mente como una flecha. Y fue una milésima antes de precipitarse al vacío, cuando sus ojos vidriosos distinguieron el contorno de alguien que se acercaba con una especie de gran sombrero puntiagudo. Le causó tal desconcierto que al final no se soltó. El extraño personaje siguió acercándose a ella hasta encontrarse a unos metros. Mientras lo hacía, pudo escuchar el sonido de unos cristales chocando. Y una enorme capa que arrastraba por el suelo le daba un aspecto extremadamente desconcertante. En su rostro resaltaba una gran sonrisa, misteriosa, y unos ojos que denotaban sabiduría. No dijo nada ni se acercó más. Era como si estuviera esperando la reacción de la chica. Ella no sabía qué hacer, pero tan sorprendida estaba que se olvidó por un momento de su objetivo. -¿Quién eres? ¿Qué quieres? La respuesta que obtuvo fue que el extraño agarró los dos extremos de su capa y la abrió hacia los lados, mostrando en su interior una multitud de frasquitos de cristal. Los ojos de la chica se pusieron como platos y se le abrió la boca. Había montones de frasquitos de cristal, ¿para qué serían? Se dijo mientras los escudriñaba intentando descubrir algo. -Te aseguro que no querrías tener cerca ninguno de estos recipientes de cristal-le dijo con una voz diferente a cualquiera que hubiera oído antes. La chica miró hacia abajo una vez más y con el rostro abatido saltó por la barandilla y quedó dentro de la carretera del puente. El extraño se hallaba delante de ella. Justo en ese momento se quitó su gran sombrero, dejando a la vista un peculiar casco. Acto seguido, alargó el brazo y extendió la mano hacia la chica. Ella contuvo la respiración. -Entrégame todo lo que te torture. Libérate de tus recuerdos más terribles-dijo de repente al tiempo que sacaba otro casco, más pequeño. ¿Qué otra cosa podía hacer? Cogió el casco que le ofrecía y se lo colocó en la cabeza. Entonces aquel individuo comenzó a hablar, y esas palabras que dijo jamás se le olvidaron. -Somos criaturas muy especiales. Estamos viajando en una nave llamada planeta Tierra por el universo, pero se nos olvidan algunas cosas. En las profundidades de nuestra nave hay material fundido que gira, y las cargas eléctricas que se mueven producen campos magnéticos. Estamos inmersos en un campo magnético. >>Conexiones entre neuronas que se comunican mediante impulsos eléctricos. Eso crea también pequeños campos magnéticos. Nosotros, el cerebro, creamos campos magnéticos que al estar inmersos dentro del campo magnético del planeta se modifican. Y es el campo magnético del planeta el que crea las corrientes que fluyen en el interior de nuestras mentes. Si saliésemos fuera de su influencia, sería fatal. >>Eso que tienes sobre tu cabeza es un casco especial que trabaja sobre ti, modificando mediante campos magnéticos el interior de tu cerebro. La chica percibió que algo extraño sucedía. Al principio sintió cómo todo iba más lento, cómo se distorsionaba la realidad. Pero finalmente dejó de tener noción del tiempo y cuando volvió a ser consciente lo que vio fue el casco que se había puesto antes en las manos de aquel personaje. Éste había cogido un frasco vacío y lo había colocado al lado del casco, que ahora brillaba de manera especial. Con una sonrisa dejó fluir un material etéreo al interior del recipiente. Cuando terminó lo cerró con mucho cuidado y lo guardó junto a los demás frascos en el interior de su capa. La chica, sin pensarlo, fue corriendo para abrazarlo, pero sus brazos no encontraron nada que abrazar. Miró alrededor, mas no vio nada. ¿Qué hago aquí? Se preguntó. ¿Por qué estoy en un puente? Tras encogerse de hombros sonrió y empezó a alejarse de allí. Sentía una felicidad inmensa, quería comerse el mundo. Pensó en investigar, leer, y escribir muchísimo a partir de ese preciso instante. Pensó y sintió como el Universo entero se fundía en ella misma. Siguió caminando pero no sabía por dónde debía ir, así que al poco rato regresó al mismo punto de donde había partido. Vio cómo una persona estaba sujeta a la barandilla por la parte que daba a la carretera y a punto de caerse. Se acercó corriendo y la agarró de un brazo. Cuando giró el rostro pudo verse a sí misma. Se había agarrado su propio brazo, era… ella misma. Se le nubló todo…, soltó su brazo y se precipitó al vacío. Abrió los ojos y volvió a ver al extraño, con el casco en sus manos y un frasco de cristal, como antes. Cuando intentó abrazarlo, él desapareció. Entonces ella se preguntó qué hacía allí, no recordaba nada. Así que empezó de nuevo a caminar pero regresó al mismo puente. Vio a una chica agarrada de la barandilla, a punto de saltar. No sabía por qué, pero sentía, recordaba, esa escena como muy cercana. Se lanzó a la carrera y justo a tiempo logró evitar que se lanzase al vacío. Cuando la miró y se vio a sí misma, como en un espejo, no pudo soportar la impresión y se desmayó, pero había logrado evitar que saltara. -Lo has conseguido. Ella, para no cegarse a causa de la luz, abrió los ojos poco a poco. Se quitó el casco de la cabeza y se quedó mirándolo. -Toma este frasquito de cristal-le dijo. Ella lo cogió con cuidado. Se hallaba en un estado de confusión absoluta. -Ahora ábrelo y colócalo cerca del casco. Así lo hizo, y al poco tiempo vio cómo se había llenado de una sustancia que jamás había visto. Lo cerró y se lo entregó. Él lo recibió con una calurosa sonrisa y lo guardó. Se volvió a poner el sombrero y empezó a caminar. Ella se quedó mirando cómo se alejaba. Sintió algo y, súbitamente, tuvo muchas ganas de abrazarlo. Salió corriendo. -¡Espera!-exclamó. Él se frenó y se dio la vuelta despacio. Se encontró con una chica que irradiaba felicidad y que, esta vez sí, logró abrazarlo fuertemente. 
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